La esfinge es enorme y ya no nos mira,
esta triste en su puesto y aún guarda
aquella biblioteca del universo,
aquel vacío  local de mis sueños,
al que visito en mis infiernos mas fríos.
 
Anoche estaba distante la estancia
en su frío colchón de caramelos tristes,
recitando a una voz melodías de fuego,
no me guardo el pecado, ni rescribo el silencio.
 
Fulgurante, me espera la brisa y la ola,
me espera la peña y las Marianas doradas,
 hay un calado en la cabellera de miel
y devoraré hasta el último grano de aquel viejo libro.
 
Frank DRA
 
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