Soy la muerte,
soy la vida,
soy la sangre
de tu herida.
Herida profunda
por la que broto,
herida con pena
por un corazón roto.
Y si un día al despertar
de tu herida ya no broto,
es que te enamoraste
y de mi ya te olvidaste.
Dejo de ser muerte,
dejo de ser vida,
y no volveré a ser
la sangre de tu herida.
Me convierto en un ángel,
en tu ángel de la guarda,
para curar esa herida
de la que solo quedan las marcas
1998
Lilian Yamila Bianco
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