HE VISTO A UNA MUJER.
Por: Hubeto Pérez bernate
Y desde esa noche, nada ha sido igual. Ya han pasado cerca de tres años y él, día a día, se ha dado en la tarea de examinar cada rostro que podía cruzarse en su paso.
¿Quién podría imaginarlo? Fue una noche citadina, corriente como todas, en medio de amigos y unas cuantas cervezas, lo sé porque igual yo estaba allí. Él vio a una mujer a quien no dirigió palabra alguna, solo el reflejo de su mirada, una mirada -como él mismo insinuaba- fugaz como el viento en una noche de invierno. Tras ese momento -Siempre ha dicho él- ella lo dejó atormentado en el deseo de conocerla. Si su sueño que es verla se conociera por otros, dirían que es ingenuo, obstinado y loco, pero quienes lo conocemos simplemente nos imaginamos que ha quedado atrapado en la agonía de un destino que parecía no tener justicia en dejarlo siempre esperando el volver a verla. Un sueño quizás, un deseo tal vez, o una locura simpática, sería lo mejor. Pero cuando ya toda esperanza había podido desfigurarse con el tiempo, cuando ya todo deseo podía ser no más que un malentendido, se entrega a un muy desafiado destino de no perder la esperanza en encontrarla.
Ya han pasado cuatro lunas y cinco soles desde su última carta, aquella en la que con resignado valor, y quizás en medio del pesimismo, comentaba su osado acto de seguirla buscando. Hoy una nueva carta me ha llegado, su procedencia es otro muy distinto y tal cual, de un lugar muy distante de la anterior carta. Estas son unas notas cortas y no hay desenfado en ellas, por el contrario, y muy inexplicablemente el asunto, dejan ver el éxito de su constante búsqueda.
"Mi amigo, he descubierto tal belleza que parecía imposible encontrar. Si bien es casi ya el fin del mundo, era aquí donde debía llegar. Tal cual lo imaginaba, es ella sin duda alguna, una mujer de rostro muy suave y de agraciados cabellos, con una sonrisa perdida y juguetona, quizás turbia de tristezas pero de ojos muy vivos y lo mejor, no es casada y está dispuesta".
Muy contento quedo yo de notar la felicidad de mi amigo, pero también con una lección bien puesta que no es otra más que la de seguir recordándome en no perder la esperanza por muy incierto que sea el destino.
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