Hablas y el mundo se deslumbra:

Muestras tu sábila y torrentes salvajes

a una constelación de boscajes y praderas

que te mira empapada y se ampolla ante tu tez dorada y curvilínea:

Tus contornos son definidos vilos que hacen en el hablante trabalenguas:

Amaneces siempre húmeda y palpada por los dedos sedosos del invierno.

Eres una cacofonía que deleita a los ojos y delirios más frugales:

Armónica en todas vastedades y trepada por cumbres y por surcos

donde te veo ondear cual fiel bandera, flamígera, ígnea, alucinante.

Tu vestido está colmado de estrellas y tu bufanda de mí se constituye

Y te elevas más allá de los advervios donde toda tu altitud trepa en escala

sonteniendo en un viento indefinido la dulce pulcritud de tus perfumes

que saben a mieles y a caléndulas esparciéndote en el aire siempre omnímoda:

Todo lo abarcas tú, todo lo abrazas en ese tu color de lapislázuli y esmeralda.

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