Fue difícil para mí,
Perdonar a quien me llego a herir,
Espere este tiempo para poder despejar,
Mi mente y dejarlo al azar,
Sin embargo,
Fue un trago amargo,
Que termino siendo el asesino de fantasmas,
De casi todas mis mañanas,
Lo hice por mi salvación,
Dejando atrás la religión,
Olvide que algún día estuve de el enamorada,
Quedando como si nunca hubiese pasado nada,
Divagando sobre lagunas mentales,
Que me regalaron los ángeles,
De aquella soledad luminosa,.
 
Mis ventanales al dialogo están abiertas,
De su parte queda abrir sus alas,
De la verdad y la sinceridad,
Para poder terminar,
Con nuestra propia inseguridad…
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