No es la ira,
es la paz;
no es la fuerza,
es el equilibrio;
no es el poder,
es la equidad.
 
No es por mi,
ni es por tí;
es por nosotros
y los otros:
los que están,
los que fueron,
los que vienen,
que decimos:
no a la miseria
humana y material.
 
Nadie es tan vivaz,
ni es tan superior;
nadie es tan rico,
ni es tan pobre;
nadie tiene tanto,
ni tiene tan poco,
para tener el poder absoluto.
 
Abre tus ojos y mira
a tu alrededor;
los seres que rondan,
no son menos que tú:
merecen respeto,
alimento y cobijo
y tienen carencias
igual que tú.
 
Detrás de tu gesto,
tan dulce y gentíl,
se esconde el fantasma,
que te hizo febríl.
 
El tiempo marcará
con sello tu piel;
nadie olvidará
la siembra del mal.
 
La muerte acecha
en cada rincón de cada esquina,
te espía y te involucra
al menor descuido.
Cuídate del espectro
de tus siembras oscuras,
serán el alimento
de andantes nocturnos.
 
Ponte alpargatas
en un día de fiestas;
guarda el espejo
para reflejar tu conciencia.
 
No malogres el nombre
de quién te sostiene;
no es culpa de nadie,
si no entiendes.
 
No llores por todo y por nada;
tus lágrimas avergüenzan al mundo.
 
Si bien tienes derechos,
no olvides los de los otros.
 
Deja atrás la queja,
permanente e infértil
y mira, si puedes,
hacerle bien a alguien.
 
Jamás subestimes
a quién te rodea;
la mirada superflua
desvirtúa a la esencia;
no sea que te sorprenda.
 
Recuerda que:
soberbia e ignorancia
van juntas al infierno.
 
Vuelve tu mirada mansa,
y no por compasión.
Baja tu ansiedad,
y no por desdén.
Rechaza la agresividad
y no por poder.
Defiende tus dones
y no por miedo.
 
Mírate:
eres más importante que el sol
y menos que un grano de arena.
 
No hay esclavos ni perseguidos,
todo está en tu mente.
Tu alma te pertenece,
la vida no es un cuento.

Las palabras no mueren en ninguna parte:
vuelan, ruedan y crean.
No hay viento que no lleve energía;
no hay puerta que se abra sola.
Vive tu vida
y deja vivir a los otros.
Cada quién es dueño
de su cosecha.

Después de tanta pena
jamás seremos los mismos.
Nadie podrá cambiar
lo que está dicho y hecho.
No hay perdón ni olvido;
no hay rencor ni desprecio.
Sólo queda
el intento de cuidar
que nunca más nos lastimen.
Página 2
 
No es la ira,
es la paz,
no es la fuerza,
es el equilibrio.
No es el poder,
es la equidad;
de nuestra decisión depende. 

 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
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