Ensayo del hacinamiento de la urbe serrana al anochecer.
La tarde muriente en la ciudad  encendió las luces en su integridad y a la distancia parecía un pedazo de galaxia rara moverse con el tráfico   de carros  que sonando en su interior van y vienen, tantos rincones y tantas vidas que transcurren en las polvorientas calles y laberintos.De las paredes parecen salir como desprendimiento de las pinturas entre oscuras y claras las alimañas nocturnas  que se arrastran y esconden  con sus numerosas patas y otras que vuelan y parecen atacar a la existencia superior en su ambiente de vida que es la noche y todo lo que en ella se desarrolla, en aquella atmósfera no celeste sino oscura como navegantes sin rumbo se acercan y alejan de las luces dueños de la velocidad los minúsculos atrevidos que pueblan  rápidamente  toda la urbe.
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