En un paisaje enemigo.
Hoy me uní a la niebla
y dejé que me robara la risa el último viento de otoño.
Hoy mi latido rompió los vidrios
de la memoria que te guarda,
y regresé a la arista
de un pasado que no me deja,
sedienta de tu mirada,
de tus amaneceres.
Hoy observé a los pájaros acobardados
cuando la veleta despeinaba las nubes
y el cabello del sauce se enredaba
en el enojo de la noche
y mientras se acercaban los ciclos de lluvia
escribí una melodía de vacíos
porque no había nadie para abrazarme.
Hoy se escapó el aire tibio de mis plumas
y me quedé ensayando el silencio de una sombra
en un paisaje enemigo.
Hoy, como las aves,
me quedé sin vuelo.
Silvana Pressacco
y dejé que me robara la risa el último viento de otoño.
Hoy mi latido rompió los vidrios
de la memoria que te guarda,
y regresé a la arista
de un pasado que no me deja,
sedienta de tu mirada,
de tus amaneceres.
Hoy observé a los pájaros acobardados
cuando la veleta despeinaba las nubes
y el cabello del sauce se enredaba
en el enojo de la noche
y mientras se acercaban los ciclos de lluvia
escribí una melodía de vacíos
porque no había nadie para abrazarme.
Hoy se escapó el aire tibio de mis plumas
y me quedé ensayando el silencio de una sombra
en un paisaje enemigo.
Hoy, como las aves,
me quedé sin vuelo.
Silvana Pressacco
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