En su sueño ella volaba,
allá donde las nubes no eran
de cartón,
y en la insolencia de creerse
una muñeca
erradicada de tristeza,
añorada de eterna luminancia
la sonrisa reclamó su sitio.

Y fue quedándose en el limbo
suspendida en una colorida
marioneta de algodón
ante los ojos moribundos de
la vida.

En su sueño ella volaba,
volantín de párvula ascensión
y mientras más arriba escarbaba
más abajo sus verdugos se inmolaban
en concreto;
porque el juicio es acero y contra él,
puro silencio.

 
 
 
 
 
 
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