EN EL JARDÍN DE LA BRUMA
El lugar de todos los días
se convierte en escenario de otro mundo
de un sueño.
La efigie maldecida a ser virgen,
con sus piernas selladas,
espera quien la ame eternamente.
En el cielo ni una estrella.
Un niño trae un taburete,
y se asoma por la ventana redonda
que le da menos penumbra a la noche.
La bruma se da cuenta que
la luz de las altas farolas
se despedaza todas las noches
en las ramas de un árbol
para morir después
en el agua del ojo de un espectro.
Como si todo el cosmos sucediera en este instante
en el jardín de la bruma.
se convierte en escenario de otro mundo
de un sueño.
La efigie maldecida a ser virgen,
con sus piernas selladas,
espera quien la ame eternamente.
En el cielo ni una estrella.
Un niño trae un taburete,
y se asoma por la ventana redonda
que le da menos penumbra a la noche.
La bruma se da cuenta que
la luz de las altas farolas
se despedaza todas las noches
en las ramas de un árbol
para morir después
en el agua del ojo de un espectro.
Como si todo el cosmos sucediera en este instante
en el jardín de la bruma.
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