El amor tardío
Le sonreí con los ojos vacíos,
mientras la lluvia inundaba el alma,
le sonreí mientras se alejaba y
se perdía entre el vasto gentío.
La luz del sol de pronto no ilumina
y su reflejo se esconde en la cumbre de una sombra fría.
¡Te llevaste todo, hasta el mágico color de mi alborada!
Qué radiante y hermoso te veo en el lienzo.
Te contemplo, callada y embelesada
Con los labios sellados en un suspiro
como quien guarda un secreto de fuego.
Acaricié la silueta de tus manos,
extensa como tu ausencia misma;
una inquietud despierta el clamor de sentirte cerca
y arrullarme en tu regazo tibio como todos los días.
Sois mi obsesión constante, mi delirio furtivo,
una coincidencia perdida como el aire
que abraza mis sentidos.
De pronto vi en sus ojos quietos,
el límite prohibido y era su corazón
como la puerta cerrada de un templo,
a los ruegos de mis latidos.
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