Empecinadamente
rompes la siesta,
este amargo sudor de sesos
podría ser el comienzo
de algo importante
una fabula, una muerte o un regreso,
cae una aplanada hoja de oficina
que se resbalo por los dedos.
Cierro la ventanilla como si fuera
la escotilla de un buque perdido,
el cigarrillo contra el piso y la vigilia
y la empecinada militancia de querer
despegarte del mundo con una cucharita.
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