Ella
Sacando punta a un lápiz, les quiero contar como llegaba ella, a la razón de mis versos para darle un nombre.
Si bien, no soy muy ayudado en letras, por ella soy forzado a la pluma, (seguro  me ponen en deuda) pues no sé si podré o si sabré describir  tan al vivo a la hija de una musa que  vino ser el centro de nuestro abismo, donde todos fuimos a caer.
Llegó adornada de tales prendas ejemplo de castigo de culpas ajenas, despuntaba el vicio con sus  retóricos pasos, y un perfume ocioso que no se dejaba gobernar  por el viento, cobra su deuda en las miradas que no quedaban absueltas de culpa y cargo. Arraigada en la razón de oscuros pensamientos, daba ocasión para  que las otras de ella murmuren acusándola de toda vileza.
¡Ho enemiga de todas ellas! Los muchos y buenos dones que tienes encubren si los tuvieres algunos de tus defectos
En especial en el verano y por las tardes hacía de su pasatiempo: El banquete de miradas ajenas, su recato le ponían un velo al sueño de tantos corazones.
De frescos aires y de sonrisa puesta en rima, ponía en achaque a los mismos que su remedio daba, y no mentía lo que con su verdad alegraba.
Ho señora de los sueños incumplidos ¿Qué corazón no confundes? Tan cordial entras por los ojos que al amor invitas.
Ho señora de mis noches en desvelo, te haría mil promesas si tan sólo me dieras una sola de tus promesas.
Dirán unos, oirán otros entre jueces y fiscales de justicia que no hay y ni habrá quien duerma y descanse tranquilo, creyéndola tan suya, pensándola tan ajena.  
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