El silencio tiene manos, aprieta despacio lo que no se dijo, acumula en las grietas del invierno todo el calor que un día fue promesa;
No grita. Solo pesa. Se instala entre dos frases como el polvo en los marcos de las puertas que nadie ya recuerda limpiar.
Y sin embargo, aquí seguimos, cargándolo sin queja, como si el silencio fuera nuestro.
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