Algunos días me crecen las orejas
y me convierto en un burro de carga,
en un caballo cobrizo;
en una acelga, en una rana.
A veces me asomo
en el sombrero de un conejo,
me salen escamas
y escupo fuego.
Todo para que seas
el jinete, el caballero,
todo para que nunca olvides.
Así suspira y sueña,
así ama y aniquila
con una sonrisa,  con una querella;
sueña, siempre sueña.
(“Misterioso espectador”, enero 2012)
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