EL ENCUENTRO Y LA PARTIDA.
Hace ya mucho tiempo,
Cuando deambulabas
Por la senda malhadada del rencor,
Al cruzarte en mi camino
Solitario y silencioso,
Nuestros pasos descubrieron
Que tus hondas tristezas
Y que mis negras soledades,
Suavemente armonizaban.
Esa coincidencia,
Milagrosa y extraña,
Nos fue acercando.
Y de pronto,
En un recodo de la vía,
Se rompió el retén de tu ternura.
Entonces se volcó
Un río de luces deslumbrantes,
En mi valle desnudo y desolado.
Y caminamos juntos
Un trecho misterioso en la comarca,
Pero un buen día
Comenzaste a mirar
Hacia otros rumbos.
Hacia otros nuevos horizontes.
Y entonces tu voz
Empezó a desvanecerse.
Tus caricias
Empezaron a esfumarse.
Y tus sueños,
Con raudo vuelo han despegado
Hacia el confín lejano
Que tus ojos hambrientos
Vislumbraron.
¡ Oh Sueño bendecido
Que me ahoga y que se esfuma!
¿Por qué te apartas
Del destino común que entretejimos
Por unos ávidos años?
¿Por qué me escondes
Tu perfume y tu gracia,
Y esa dulce mirada
Que me gusta contemplar
Al rumor de tus besos
Presurosos y extraños?
¡Rauda exhalación,
No te apartes de la vía del encuentro,
Del son de nuestros dolidos corazones!
Y mientras descubrimos
Otros nuevos paraísos,
Que nuestras manos enlazadas
Y el rumor de nuestro cuerpo,
Desintegren su ensalmo
Para dejar sólo en la tierra
La monda blancura
De los huesos soleados.
México, D.F. A 9 de abril de 2001.
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