No temas Señor,
si estamos olvidados
de tu amor,
en verdad te andamos buscando
pero no en cosas de Dios.
 Ven y búscanos Señor
porque en el afán de verte
puchos pueden esconderte
 muy dentro en el corazón,
y no salir sin perdón
de las penas de la vida
que puede ser dolorida
si no tienes Su calor,
el calor de amor hermoso
bello, dulce y tan sedoso
que es como un suave tul
pues al morir en la cruz,
larga y lenta su agonía
abrazó en un dulce abrazo
a la tierra entera ingrata
como con mantas de plata
para hacerla florecer,
por eso es suave mi Ben
porque no aprieta ni espanta.
 Más la turba bochornosa
no entendía sus cuidados,
eran lentos y atrasados
en el amor del Señor,
muy sabios de leyes doctas
todas muy de memoria
pero la ley del perdón,
la de Dimas, el ladrón,
esa estaba en lontananza
y fue su gran bonanza
la que la trajo a la tierra
y aunque sufriera por ella
 sería muy por su bien.
El Señor, sabe que es Rey
y como esas cosas pudiera
mandó en esta triste tierra
 morir para florecer
y florecer en jardines
de rosarios y perdones
¡oh rey de los corazones!
con esa lanza se abrieron
los miles de pechos buenos
que esperaban tus razones.
Dinos ahora, ¡oh Verbo eterno!
Estrella de David, la más hermosa
¿vuelve el mundo a sus cuidados
o será que te hace a un lado
porque la dicha dichosa
de tenerte es aburrida?
Será porque en esta vida
no han probado tus deleites
que le das al más fuerte
y al que es flaco y necesita
tu ayuda, tu paz serena,
sí, la tuya trae su pena
pero es pena que no agita
pues cura y santifica las heridas
de toda alma,
y mientras la llena de calma
la guía por sus caminos,
y sin saber el destino,
ella va confiada y mansa,
¡ah Señor en lontananza
viene el pródigo llorando,
es que te viene implorando
le perdones sus desdenes
y tú, que quieres que cene
llamas a la servidumbre
y enciendes presto la lumbre
para que la fiesta empiece
¡Serñor, soy yo ese muchacho
que no tuvo tanto empacho
en gastar en mil sandeces,
ahora vuelve arrepentido
a buscar lo que perdió,
quiere su padre y su hermano,
reunidos junto al hogar,
el pan casero sin par,
y los días de trabajo,
quiere su gracia perdida
que le dio felicidad,
quiere la gracia esconida
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que pocos pueden encontrar.
Y como dijo Pedro el terrible
por su ímpetu tremendo
solo palabras eternas
puede tener el maestro. 
No temas Señor, maestro,
no llores por nuestros pecados,
estamos buscando tu rostro
y no sabemos buscarlo.
Estamos buscando tu aliento,
sin saber aún respirarlo,
estamos buscando tus manos,
tus ojos, tu pecho bravo,
tu sonrisa tan amable
y en todo tus firmes pasos.
Jesús, no te vayas lejos,
tanto te necesitamos,
Jesús abre mis ojos
soy otro ciego cansado,
Señor, abre mis oídos
para que escuche tu paso,
Señor, soy un leproso
mas el último quiero ser
para poder agradecer
tu milagro tan hermoso
de sanar estas heridas
que no cesan de sangrar
pues el recuerdo cabal
las hace aún muy vividas,
pero tu mano de Dios,
tu mano de Justicia toda
viene y sana mi ponsoña
para hacerla nueva cosa 
y olvidarla mejor.
Señor, estoy en tus manos,
Señor, hoy descanso en  Vos.
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