Vivimos una vida regida por la adoración de vacas sagradas.
Llámese Dios, Patria, Dinero o Amor.
Son las divinidades visibles de las instituciones existentes.
La idea mítica que motoriza la sociedad.
El poder real que la somete.
Y al igual que las vacas sagradas de la India,
son flacas y sin gracia cuando están desnudas,
pero lucen opulentas y emocionantes
luciendo el oro y los disfraces del éxito y la verdad.
La verdad es una enorme vaca podrida
Porque su función es vestir a la vaca sagrada con los ropajes de la razón.
Hay que saber distinguir que el rey esta desnudo.
Así se prepara el asalto a la Bastilla símbolo del temor
que intentan infundir las vacas sagradas.
Pero lo peor de todos es que siempre hemos dejado por fuera de esto al amor.
Y el amor, es la más enorme vaca podrida que esconde la lengua de la domesticación.
Una enorme Bastilla en nuestros corazones
para someternos por el temor a la soledad y la infelicidad.
Obligándonos a aceptar, la responsabilidad de la familia,
El engaño, el maltrato, la entrega de nuestra pasión y del fuego de nuestro Eros
Al juicio del otro, a su aprobación, a su necesidad de no estar solos.
El amor es una vaca podrida.
Al igual que Dios, la Patria, el dinero, la propiedad, la familia.
y los poemas de Pablo Neruda.
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