El niño caminaba por un valle de espinos
y una sombra lo llamó de entre tinieblas
más oscura que las tinieblas mismas
¿cómo no acudir al llamado de la voz que apacenta las bestias?
 
En un parpadeo de muchas eras se preguntó porqué,
sumido en el color negro de miseria,
al cerrar sus ojos reinaba el rojo de sus párpados
 
bajo esta triste oscuridad que nos protege. . .
soñaste . . .
 
Y el big bang de tu luz comenzó
 
Uno de tus cadáveres se reveló ante la muerte
fuiste digno del choque con la luz cegadora.
Se doveló el valle de espinos bajo un genocidio de sueños
Y el cadáver era un sueño
con un agujero en el cráneo
 
agujero que atravesó el resplandor
y recorrió todos los salones de su mente
 
De la arena decantada surgió otro niño
portador de un grito al universo.
 
Que estos ojos para la oscuridad cerrados
estarán siempre prestos
a la luz
del relámpago
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