Dulce ocaso del último paraíso.
En el último rincón,
aquel en el que sólo sobrevive
el titilar de los latidos,
el respirar del alma difusa;
es allí donde el calor se lo lleva el viento
y emerge libre, pura, viva.
En el último rincón,
emergen los sentimientos que la Tierra
por amor había olvidado,
sólo aquí puede llorar a mares,
sólo aquí puede sentir frío,
sólo aquí puede gritar,
sólo aquí puede suspirar.
En el último rincón del mundo,
donde el murmullo de la vida
toma su real forma,
recupera su color, puede respirar,
puede soñar;
aquí, donde el cielo es más puro
y la tierra es más fértil,
aquí, donde todo adquiere conciencia;
sólo aquí quiero descansar,
en los brazos de aquel dulce ensueño,
arrullado por el vaivén de las olas,
escuchando a lo lejos el sonido del progreso,
opacado por el murmullo de las aves,
sofocado por los vírgenes bosques,
donde el vapor negro se confunde
con el vapor puro, dulce soplo del invierno.
Terra
aquel en el que sólo sobrevive
el titilar de los latidos,
el respirar del alma difusa;
es allí donde el calor se lo lleva el viento
y emerge libre, pura, viva.
En el último rincón,
emergen los sentimientos que la Tierra
por amor había olvidado,
sólo aquí puede llorar a mares,
sólo aquí puede sentir frío,
sólo aquí puede gritar,
sólo aquí puede suspirar.
En el último rincón del mundo,
donde el murmullo de la vida
toma su real forma,
recupera su color, puede respirar,
puede soñar;
aquí, donde el cielo es más puro
y la tierra es más fértil,
aquí, donde todo adquiere conciencia;
sólo aquí quiero descansar,
en los brazos de aquel dulce ensueño,
arrullado por el vaivén de las olas,
escuchando a lo lejos el sonido del progreso,
opacado por el murmullo de las aves,
sofocado por los vírgenes bosques,
donde el vapor negro se confunde
con el vapor puro, dulce soplo del invierno.
Terra
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