Dormida
Dormida y fluyente a mi costado
brotas y te derramas en mundo formidable.
Amaneces en tu cuerpo nocturno
tendida junto a mí y para mi tacto.
Enciendes deseos en la sombra
tu pelvis hacia mí se vuelca y hunde
en los solos de espumas que se hallan
en los pechos destacados de la tarde.
Más he ahí ceñida a la cobija vas
en el aire disertado e inerte
con cuellos y manos ascendiendo
a las mayores menciones de delicias.
Es tu cabellera de algún linaje eléctrico
hambrienta de mis dedos y mi alma.
En lo oscuro tus labios amanecen
en mis dientes que remuerden tu detalle.
Holgura eres ante mi faz atónita
alzándote como torre equilibrada.
En tus tobillos te afinas en una música
que sólo pueden describir las caracolas.
A través de todo trance vienes
sin la prudencia de la no acicalada.
Mis quietos cielos hacia ti se levantan
comprobando cada resquicio y cada ángulo
de ese talle espigado en el que oscilas
cuando entre las madrugadas te vas reconstruyendo.
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