Disoluta: No te acerques aquí envuelta en guerra

ni esparzas tus maléficas metrallas.

Considérame que hoy vibro en mi paraíso, muy distanciado de todas tus hachuelas.

Hoy rebozo del gozo de las rosas, de las clemencias de los vibratos blancos,

de las ondulaciones que sueltan las magnolias y del río ya muy emparamado.

Adormecido en los fulgores del segundo hoy logro percibir los magnos cantos

del órbe general y la armonía del tiempo que bien labra a la gardenia.

Apartate con esa tu deshonrras pues no aceptaré tu acero ni tu mirra

y, para mí, erijo un muro tácito que me separe de tus desventuranzas.

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