Devoras el boscaje de mi alma

que arrastra en sí misma a toda noche.

Cáustica eres en mis paredes, mujer de vida y muerte y de todos mis tropiezos.

Corrosiva estás en esa ánima no empática en la que sólo habitan abrasiónes y perversidades...

Mi corazón te siente en sus mareos: Corazón que se cimbra y duele entre no írritos desvelos.

Sencilllamente tu, ufana, me desgastas y le das a mi ser alaridos graves.

No se mueven por ti las panderetas en el diseminar de tus olvidos

mayúsculos que en mi carne son concéntricos y la magulla con violencia infrahumana

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