Desperté,  rozando mis manos con sus manos
y en el inmenso espejo de su alma,
pude reconocer su voz
aurora angelical
evocando amaneceres con calma.
Desperté,  tocando sus pendientes
y en el inmenso espejo de su calma,
pude restaurar el alba desdeñada
y visualizar la paz
de mágicas mañanas.
Desperté,  correspondiendo su presencia
y en el inmenso espejo de su estampa,
pude acariciar su sombra
bebiendo el néctar de su rio
fusionando así , su sabor con el mío.
SB
17/1/14 



 
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