LOS INCESTOS DE TOMÁS
Ay, Tomás. Tú copulando sin descanso
con tus tías, tus primas, tus hermanas
en un contubernio interminable,
mientras los demás iban a la guerra
para matar o morir de una manera estúpida,
como son todas las formas de violencia.
Acaso no sedujiste a tu madre
una noche en alta mar
cuando viajabas con ella por el océano Atlántico,
donde, noble y generosa siempre,
te convirtió en mancebo de bragueta viva,
acto repetido en la penumbra que rodeaba
su confortable aposento conyugal,
en tanto tu padre triunfaba en los negocios
o aumentaba sus descalabros financieros
entre las piernas de sus tres amantes.
¿Y qué me dices de tu hermanito menor?
Disfrutaste el paraíso en esta tierra
salpicada de robos y de crímenes,
cuando gestiones y palancas de tus progenitores
te sustrajeron al servicio militar,
antes de afianzarte como sátiro insidioso
en las alcobas de tus hembras preferidas,
doblemente bellas, deseosas y dispuestas
a consumar contigo la cópula incestuosa,
cobijadas por la furia de tus 18 años.
En cambio yo, mientras eso acontecía,
con más edad que tú y menos suerte,
vagaba entre poemas y tardes de arreboles
saciándome adrede con mis masturbaciones,
igualmente incestuosas,
pues entre mi mano atenta y mi pene subversivo
existió desde la infancia
una complicidad tan entrañable y firme
como la tuya con tus tías,
tus primas, tus hermanas y tu madre.
Cargando comentarios...