DE TODO Y NADA
Atrás dejé los cementerios solos,
las lápidas color ceniza,
los huesos frágiles,
turbios vestigios sin memoria de nadie,
huesos en deuda y
desahuciados por el casero infame,
oh, sí, atrás.
Atrás la negra vestidura
de la maldición juglaresca
tan venida a menos,
tan grotescamente irrisoria ya,
tan demodé.
¡Abismos lustrales, atrás!
¡Orgasmos purulentos, perras hambrientas,
hímenes desgarrados, huecos insalubres,
dioses muertos, gárgolas derruidas,
atrás, atrás, atrás!
¡Vade retro caduca luminosidad metapoyética!
¡Von vogaje!
Ahora,
sólo ahora,
solo,
sólo el sol en venganza radioactiva,
atómica, ultravioleta sobre la tierra a punto de parir
flores incandescentes,
verdes praderas augurales guardadas
para la posteridad.
¿Por qué para la posteridad?
Denme, denme el fruto redondo del artificio,
la dulce pulpa regenerativa,
la virtual virtud de las vírgenes
engarzadas en la red sideral,
en su vincular circuito sin fin.
Denme las aguas destiladas
en su pureza extrema,
traídas en ánforas transparentes
como el cristal, incorruptibles
corazas de inmortales…
Ah, déjenme rodar
por la alfombra verde extendida,
sobre la graba infértil,
saborear su milagroso despliegue,
su resplandeciente perfección.
Y tararear algo así como un espasmo,
como una canción primitiva,
inidentificable, ininteligible, insípida.
Atrás dejé los senderos nebulosos,
las hórridas catacumbas.
Atrás la hora de la siembra,
la cosecha, la fiesta…
Ahora,
sólo ahora,
solo,
sólo el tiempo de la siesta,
del absoluto ocio, del eructo (perdón),
de la miel ya destilada,
de la fruta puesta y servida, procesada…
De todo y nada.
las lápidas color ceniza,
los huesos frágiles,
turbios vestigios sin memoria de nadie,
huesos en deuda y
desahuciados por el casero infame,
oh, sí, atrás.
Atrás la negra vestidura
de la maldición juglaresca
tan venida a menos,
tan grotescamente irrisoria ya,
tan demodé.
¡Abismos lustrales, atrás!
¡Orgasmos purulentos, perras hambrientas,
hímenes desgarrados, huecos insalubres,
dioses muertos, gárgolas derruidas,
atrás, atrás, atrás!
¡Vade retro caduca luminosidad metapoyética!
¡Von vogaje!
Ahora,
sólo ahora,
solo,
sólo el sol en venganza radioactiva,
atómica, ultravioleta sobre la tierra a punto de parir
flores incandescentes,
verdes praderas augurales guardadas
para la posteridad.
¿Por qué para la posteridad?
Denme, denme el fruto redondo del artificio,
la dulce pulpa regenerativa,
la virtual virtud de las vírgenes
engarzadas en la red sideral,
en su vincular circuito sin fin.
Denme las aguas destiladas
en su pureza extrema,
traídas en ánforas transparentes
como el cristal, incorruptibles
corazas de inmortales…
Ah, déjenme rodar
por la alfombra verde extendida,
sobre la graba infértil,
saborear su milagroso despliegue,
su resplandeciente perfección.
Y tararear algo así como un espasmo,
como una canción primitiva,
inidentificable, ininteligible, insípida.
Atrás dejé los senderos nebulosos,
las hórridas catacumbas.
Atrás la hora de la siembra,
la cosecha, la fiesta…
Ahora,
sólo ahora,
solo,
sólo el tiempo de la siesta,
del absoluto ocio, del eructo (perdón),
de la miel ya destilada,
de la fruta puesta y servida, procesada…
De todo y nada.
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