De nuevo alguien ha pronunciado tu nombre
diciendo que de tu alma cada noche
caen más y más pétalos misteriosos
y he sentido un frío turbio
he notado, justo ahí,
en la yugular de los recuerdos, la indefensión
de conocer la fragilidad de los sueños secretos.
 
Quiero seguir sabiendo de ti
pero no de esta manera sino de la que fuiste
cuando eras lo que yo era.
Supongo que, como tú, tengo suficientes motivos
para renunciar a mirarme en los espejos y verme como tú vulnerado por las aristas del tiempo,
atravesado por las renuncias,
acomodado a las concesiones y los miramientos.
 
Mujer del ayer, tú y yo hemos sido y somos iguales
y hoy que allí donde hay cadáveres ya ni águilas quedan
te escribo como un animal celoso, para evitarte,
para olvidar lo mucho que te quise y lo todo que te temo.
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