DE ESO ESTOY HECHA…
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Hasta ese momento y durante toda mi vida de ahí para atrás, no los tuve sino a ellos tres; el único hogar que conocí, hasta ese entonces, me lo prodigaron ellos; la única casa que disfruté, hasta ese entonces, me la brindaron ellos.
Yo tenía nueve meses cuando mi mamá murió asesinada en cualquier calle del pueblo, quedé bajo la custodia de mi abuela materna, pero me dicen que, desde el mismo instante de la muerte de mi madre, yo mantenía en las dos casas, o sea, en la casa de mi abuela materna y en la casa de dos tías maternas de mi mamá: Margarita y María, quienes vivían con el papá. Estos fueron mis tres ángeles, hasta el punto que cuando yo tenía seis añitos, y claro está ya tenía uso de razón, nunca más quise volver a donde mi abuela. Con mis tres ángeles disfruté de abrigo y protección fraternal y material; yo soy consciente de ello. Gracias a ellos pude gozar de una niñez, adolescencia y mi más temprana juventud, pletóricas; ellos me brindaron un entorno social y familiar sano tanto mental como físicamente; siempre me procuraron un ambiente decente y puro. Sin embargo, “un árbol se sostiene en sus raíces”.
Me cuentan que mi mamá fue una mujer prostituta, que vivió toda su vida, desde que nació hasta que murió, en un medio familiar y social totalmente opuesto al mío, tanto en lo fraternal como en lo material. Carente, totalmente carente de abrigo y protección; por lo cual siempre fue una persona conflictiva y llena de frustraciones. Y de todo eso estoy hecha yo; esas son las raíces que me sostienen; no es mi culpa, sí es mi naturaleza. Tampoco es una excusa, no la necesito; es mi manera de ser y así soy feliz. A Margarita, mi más puro Ángel, muchas veces le oí decir, quizás proféticamente: “los genes no se pueden cambiar, así como tampoco se puede lavar la sangre”. Ella, Margarita, con su más noble intención tampoco lo pudo hacer conmigo… esos son mis genes, esa es mi sangre.
Margarita fue mi mamá, mi maestra, mi amiga; durante todos estos años fue mi soporte y mi modelo; no obstante, todas sus enseñanzas, toda su orientación… las usé en su contra y siempre, siempre a mi favor, desde siempre de una manera increíblemente fácil porque fue muy superior mi malicia y sagacidad para ganarme su confianza que su desmedida nobleza y sabiduría para orientarme.
Este juguete de la trampa, la mentira y el engaño me ha sido muy útil durante toda mi vida en todo, por todo, para todo y con todo el mundo. Nunca perdí con una mentira frente a Margarita; tengo una estrategia única y personal para decir mentiras producto de mi ingenio y creatividad. De esto sí que tengo experiencias para relatar.
· Cuando yo tenía nueve años y estaba en la banda marcial del pueblo, a esa edad jajaja, me gustaba mucho el profesor, pero él mantenía mucho con otra niñita y no me paraba muchas bolas, mi egoísmo no me permitía aceptar eso; entonces yo le inventé un rollo a Margarita para manipularla y que fuera a poner la queja; le dije: “má, cómo te parece que el profesor está dando un espectáculo tan vulgar con Teresa; pues como ellos son novios, se besuquean y se manosean delante de todos nosotros”. Al ver mi cara de repudio y fastidio al contarle esta mentira a Margarita, ni el mejor psicoanalista del mundo, habría adivinado mi carcajada interior al ver el gesto de asombro de Margarita al escucharme tamaña fantasía; Teresa tenía ocho años. Sin embargo, aunque nunca me pilló la mentira, tampoco logré que Margarita fuera a poner la queja con el fin de que los regañaran.
Uno de los episodios que mayor placer me da recordar es el que me permitió desahogar mi envidia y frustración diciéndole a ella, en su propia cara, solo que, poniéndolo en boca de otro personaje, lo que yo estaba sintiendo y pensando por algo que ella hizo y que me afectaba directamente a mí y que, como es obvio, me llenaba de ira. Digo que es algo que recuerdo con sumo placer porque me da mucha risa recordar su gesto de incredulidad y desilusión al escuchar la cruel historia que le acababa de contar. Esta táctica para decir mentiras, me ha dado resultados excelentes durante toda mi vida.
· Cuando yo tenía 13 años larguitos, faltando unos dos o tres meses para mi cumpleaños número 14, había ferias en el pueblo. Como es lógico, Margarita no me dejó salir; en ese tiempo ya era muy peligroso para la gente de mi edad y no podíamos andar solos por la calle tarde en la noche y en mi casa no había adultos con quien salir a rumbear y parrandear. Mis amigas de la misma edad mía, hablaban bobadas y me decían que se iban a ir a bailar con los amigos, como es natural, me llené de envidia y, por supuesto, no quería quedarme atrás. Entonces fui donde Margarita a pedir permiso para salir a bailar con mis amigos, no sé con quién o con cuáles amigos porque nadie me había invitado a salir. Ante la contundente negativa, no me quedó más que sentarme en el andén de mi casa a rumiar mi soberbia y frustración con mi amiga Marthica a quien tampoco dejaban salir sola ya que en su casa y menos aún había con quien irse de parranda. Entonces yo le pregunté a Marthica: ” Vas a salir a bailar?”, ella me contestó: ”nooo y vos?”, tampoco, le dije para luego contrapreguntar: “por qué no vas a salir?”, porque mi mamá no me deja salir sola y en seguida ella me preguntó: “y vos por qué no vas a salir?”, llena de ira y soberbia, contesté: “porque esa vieja hijueputa no me deja salir…”. Mi amiga se quedó mirándome sin expresión alguna en su rostro, como perpleja o sorprendida.
Cuando llamaron a Marthica, como a eso de las nueve de la noche para que ya se entrara a dormir, yo también me entré para mi casa sabiendo, asimismo, que ya me tenía que acostar; de la ira que tenía ni le hablé a Margarita esa noche, sin embargo, al otro día, sí se la canté, placenteramente muy bien cantada. Yo me levanté hablando como si nada hubiese pasado. Mientras me recogía el cabello con una moña, le dije a Margarita: “Má, mirá que le pregunté a Marthica por qué no iba a salir a bailar y me contestó: “porque esa vieja hijueputa, no me deja salir”…”.
Inolvidable, indescriptible y extremadamente jocoso el gesto de incredulidad y desconcierto de Margarita, cuando me preguntó: “cuál vieja?”, yo, a punto de reír a carcajadas, me esforcé para contestar muy seriamente: “la mamá…”.
Cien por ciento efectiva me ha resultado este estilo de mentira; me permite darme cuenta de qué sentirá o qué pensará una persona si pudiera leerme los pensamientos. Divertidísimo.
Yo soy una defensora intransigente de la trampa, la mentira y el engaño porque todas estas mañas, bien planeadas y mejor practicadas, me permiten desde muy chiquitica, dar rienda suelta a toda mi envidia y egoísmo, siempre saliendo muy bien librada y ganándome la credibilidad y la confianza de todo el mundo.
Recuerdo perfectamente cuando me conseguí el único novio que a Margarita no le gustó. No obstante, él entraba a mi casa normalmente, yo simplemente disfrutaba con saber que a ella le caía muy mal y que a mí me caía muy bien este inútil hombre a quien me propuse, con extraordinarios resultados, envenenar en contra de Margarita.
Ya para ese entonces yo estaba decidida a hacer mi vida a mi manera y a mi estilo; acababa de cumplir los 18 años y no estaba dispuesta a seguir obedeciendo a un sistema de vida totalmente contrario a mi criterio; ya bastante me había cohibido mi personalidad y mi carácter. Entonces aproveché esta circunstancia de que a Margarita este joven no le gustaba y que no había entre ellos algún trato para envenenarlo constante y exageradamente contra ella. Obviamente, todo esto luego de ganarme su confianza, después de asegurarme de que él me creía todo, absolutamente todo lo que le decía. Con esto sí que me divertí.
Las historias de horror y terror que me inventé y que yo le contaba haciendo un enorme esfuerzo por disimular mi carcajada interior mientras fingía contener mis lágrimas ante el doloroso recuerdo de malos tratos, violaciones y tragedias. Sin embargo, siempre muy atenta al nivel de credibilidad que alcanzaba en cada una de mis fantasías, yo inducía o forzaba situaciones con Margarita y que se pudieran prestar para vigorizar mi cuento. Aunque logré arraigar en él un odio supremo contra Margarita, esto si no me dio mayores resultados, al menos los que yo esperaba no los conseguí.
Después de tener convencido a mi novio de que Margarita me humillaba y me maltrataba, sentí la necesidad de corroborarlo con hechos. Entonces le inventé a Margarita el cuento de que a un amigo odontólogo la mamá le había dado una cachetada delante de mí porque le contestó lo que ella no quería oír. Me inventé esta historia para animar a Margarita a que me maltratara delante de mi novio, de tal manera que se lo repetí muchas, muchas veces con el fin de hacerle entender a Margarita que eso era algo normal. Después empecé a contestarle de mala manera a ella delante de mi novio con la intención de que ella me pegara delante de él. Pero no, como esto si no me dio resultado, entonces cuando ya él se iba de mi casa después de la visita, yo lo llamaba llorando por las cosas tan horribles que Margarita me había dicho. Jajaja, él solo le mentaba la madre y la maldecía.
Entiendo la buena intención de Margarita por evitar que yo cayera en el bajo mundo de la miseria material, mental y emocional, sin embargo, con eso frustró mis sueños y mis ilusiones de ser miserable y de vivir en la inopia.
Hasta ese momento y durante toda mi vida de ahí para atrás, no los tuve sino a ellos tres; el único hogar que conocí, hasta ese entonces, me lo prodigaron ellos; la única casa que disfruté, hasta ese entonces, me la brindaron ellos.
Yo tenía nueve meses cuando mi mamá murió asesinada en cualquier calle del pueblo, quedé bajo la custodia de mi abuela materna, pero me dicen que, desde el mismo instante de la muerte de mi madre, yo mantenía en las dos casas, o sea, en la casa de mi abuela materna y en la casa de dos tías maternas de mi mamá: Margarita y María, quienes vivían con el papá. Estos fueron mis tres ángeles, hasta el punto que cuando yo tenía seis añitos, y claro está ya tenía uso de razón, nunca más quise volver a donde mi abuela. Con mis tres ángeles disfruté de abrigo y protección fraternal y material; yo soy consciente de ello. Gracias a ellos pude gozar de una niñez, adolescencia y mi más temprana juventud, pletóricas; ellos me brindaron un entorno social y familiar sano tanto mental como físicamente; siempre me procuraron un ambiente decente y puro. Sin embargo, “un árbol se sostiene en sus raíces”.
Me cuentan que mi mamá fue una mujer prostituta, que vivió toda su vida, desde que nació hasta que murió, en un medio familiar y social totalmente opuesto al mío, tanto en lo fraternal como en lo material. Carente, totalmente carente de abrigo y protección; por lo cual siempre fue una persona conflictiva y llena de frustraciones. Y de todo eso estoy hecha yo; esas son las raíces que me sostienen; no es mi culpa, sí es mi naturaleza. Tampoco es una excusa, no la necesito; es mi manera de ser y así soy feliz. A Margarita, mi más puro Ángel, muchas veces le oí decir, quizás proféticamente: “los genes no se pueden cambiar, así como tampoco se puede lavar la sangre”. Ella, Margarita, con su más noble intención tampoco lo pudo hacer conmigo… esos son mis genes, esa es mi sangre.
Margarita fue mi mamá, mi maestra, mi amiga; durante todos estos años fue mi soporte y mi modelo; no obstante, todas sus enseñanzas, toda su orientación… las usé en su contra y siempre, siempre a mi favor, desde siempre de una manera increíblemente fácil porque fue muy superior mi malicia y sagacidad para ganarme su confianza que su desmedida nobleza y sabiduría para orientarme.
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Lo único que hice para manipular y doblegar a Margarita desde que tengo uso de razón, fue “ganarme su confianza”. Simple. Me gané la confianza de Margarita sencillamente haciéndome la que entendía todo lo que ella me explicaba acerca de la consciencia. Tomar consciencia de lo dañina que es la mentira fue en lo que más me enfatizó Margarita desde que yo era muy niña; es que yo era (soy) muy mentirosa; mi genialidad para inventarme historias es mi mejor talento y mi mayor don. No existe algo que me haga más feliz, no hay algo que produzca mayor placidez, tranquilidad y gozo en mi interior que analizar los gestos, las expresiones de una persona que me está creyendo la mentira que yo le estoy contando.
Este juguete de la trampa, la mentira y el engaño me ha sido muy útil durante toda mi vida en todo, por todo, para todo y con todo el mundo. Nunca perdí con una mentira frente a Margarita; tengo una estrategia única y personal para decir mentiras producto de mi ingenio y creatividad. De esto sí que tengo experiencias para relatar.
· Cuando yo tenía nueve años y estaba en la banda marcial del pueblo, a esa edad jajaja, me gustaba mucho el profesor, pero él mantenía mucho con otra niñita y no me paraba muchas bolas, mi egoísmo no me permitía aceptar eso; entonces yo le inventé un rollo a Margarita para manipularla y que fuera a poner la queja; le dije: “má, cómo te parece que el profesor está dando un espectáculo tan vulgar con Teresa; pues como ellos son novios, se besuquean y se manosean delante de todos nosotros”. Al ver mi cara de repudio y fastidio al contarle esta mentira a Margarita, ni el mejor psicoanalista del mundo, habría adivinado mi carcajada interior al ver el gesto de asombro de Margarita al escucharme tamaña fantasía; Teresa tenía ocho años. Sin embargo, aunque nunca me pilló la mentira, tampoco logré que Margarita fuera a poner la queja con el fin de que los regañaran.
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Otra estrategia bastante original y productiva que yo he ido perfeccionando en el día a día, fue contarle todo lo que yo hacía sabiendo que era malo, pero diciéndole que era otra persona quien lo hacía o decía, con el fin de conocer su pensamiento o su manera de ver ese episodio. Jajaja, con esto sí que gocé desde bien niña, pues yo me propuse conocerla a ella mucho mejor de lo que ella me pudiera conocer a mí. Y así fue, esto sí que me dio excelentes resultados.
Uno de los episodios que mayor placer me da recordar es el que me permitió desahogar mi envidia y frustración diciéndole a ella, en su propia cara, solo que, poniéndolo en boca de otro personaje, lo que yo estaba sintiendo y pensando por algo que ella hizo y que me afectaba directamente a mí y que, como es obvio, me llenaba de ira. Digo que es algo que recuerdo con sumo placer porque me da mucha risa recordar su gesto de incredulidad y desilusión al escuchar la cruel historia que le acababa de contar. Esta táctica para decir mentiras, me ha dado resultados excelentes durante toda mi vida.
· Cuando yo tenía 13 años larguitos, faltando unos dos o tres meses para mi cumpleaños número 14, había ferias en el pueblo. Como es lógico, Margarita no me dejó salir; en ese tiempo ya era muy peligroso para la gente de mi edad y no podíamos andar solos por la calle tarde en la noche y en mi casa no había adultos con quien salir a rumbear y parrandear. Mis amigas de la misma edad mía, hablaban bobadas y me decían que se iban a ir a bailar con los amigos, como es natural, me llené de envidia y, por supuesto, no quería quedarme atrás. Entonces fui donde Margarita a pedir permiso para salir a bailar con mis amigos, no sé con quién o con cuáles amigos porque nadie me había invitado a salir. Ante la contundente negativa, no me quedó más que sentarme en el andén de mi casa a rumiar mi soberbia y frustración con mi amiga Marthica a quien tampoco dejaban salir sola ya que en su casa y menos aún había con quien irse de parranda. Entonces yo le pregunté a Marthica: ” Vas a salir a bailar?”, ella me contestó: ”nooo y vos?”, tampoco, le dije para luego contrapreguntar: “por qué no vas a salir?”, porque mi mamá no me deja salir sola y en seguida ella me preguntó: “y vos por qué no vas a salir?”, llena de ira y soberbia, contesté: “porque esa vieja hijueputa no me deja salir…”. Mi amiga se quedó mirándome sin expresión alguna en su rostro, como perpleja o sorprendida.
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Cuando llamaron a Marthica, como a eso de las nueve de la noche para que ya se entrara a dormir, yo también me entré para mi casa sabiendo, asimismo, que ya me tenía que acostar; de la ira que tenía ni le hablé a Margarita esa noche, sin embargo, al otro día, sí se la canté, placenteramente muy bien cantada. Yo me levanté hablando como si nada hubiese pasado. Mientras me recogía el cabello con una moña, le dije a Margarita: “Má, mirá que le pregunté a Marthica por qué no iba a salir a bailar y me contestó: “porque esa vieja hijueputa, no me deja salir”…”.
Inolvidable, indescriptible y extremadamente jocoso el gesto de incredulidad y desconcierto de Margarita, cuando me preguntó: “cuál vieja?”, yo, a punto de reír a carcajadas, me esforcé para contestar muy seriamente: “la mamá…”.
Cien por ciento efectiva me ha resultado este estilo de mentira; me permite darme cuenta de qué sentirá o qué pensará una persona si pudiera leerme los pensamientos. Divertidísimo.
Yo soy una defensora intransigente de la trampa, la mentira y el engaño porque todas estas mañas, bien planeadas y mejor practicadas, me permiten desde muy chiquitica, dar rienda suelta a toda mi envidia y egoísmo, siempre saliendo muy bien librada y ganándome la credibilidad y la confianza de todo el mundo.
Recuerdo perfectamente cuando me conseguí el único novio que a Margarita no le gustó. No obstante, él entraba a mi casa normalmente, yo simplemente disfrutaba con saber que a ella le caía muy mal y que a mí me caía muy bien este inútil hombre a quien me propuse, con extraordinarios resultados, envenenar en contra de Margarita.
Ya para ese entonces yo estaba decidida a hacer mi vida a mi manera y a mi estilo; acababa de cumplir los 18 años y no estaba dispuesta a seguir obedeciendo a un sistema de vida totalmente contrario a mi criterio; ya bastante me había cohibido mi personalidad y mi carácter. Entonces aproveché esta circunstancia de que a Margarita este joven no le gustaba y que no había entre ellos algún trato para envenenarlo constante y exageradamente contra ella. Obviamente, todo esto luego de ganarme su confianza, después de asegurarme de que él me creía todo, absolutamente todo lo que le decía. Con esto sí que me divertí.
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Empecé por convencerme a mí misma de que Margarita era una mujer muy, muy perversa; que me robaba toda la plata que mi papá me mandaba (jajaja, ese infeliz jamás me dio un peso). Me persuadí, que yo había sido maltratada, humillada y ultrajada durante los pocos días que había convivido con esta familia (¿jajaja, pocos días? Ah, es que yo le dije a este bobazo que a mi mamá la asesinaron cuando yo tenía apenas 14 años (mentira, a ella la mataron cuando yo tenía 8 meses) y que era ella, mi mamá, la que me había regalado el piano de cumpleaños (mentira, me lo regalaron ellas, mis tías cuando cumplí los 15 años)).
Las historias de horror y terror que me inventé y que yo le contaba haciendo un enorme esfuerzo por disimular mi carcajada interior mientras fingía contener mis lágrimas ante el doloroso recuerdo de malos tratos, violaciones y tragedias. Sin embargo, siempre muy atenta al nivel de credibilidad que alcanzaba en cada una de mis fantasías, yo inducía o forzaba situaciones con Margarita y que se pudieran prestar para vigorizar mi cuento. Aunque logré arraigar en él un odio supremo contra Margarita, esto si no me dio mayores resultados, al menos los que yo esperaba no los conseguí.
Después de tener convencido a mi novio de que Margarita me humillaba y me maltrataba, sentí la necesidad de corroborarlo con hechos. Entonces le inventé a Margarita el cuento de que a un amigo odontólogo la mamá le había dado una cachetada delante de mí porque le contestó lo que ella no quería oír. Me inventé esta historia para animar a Margarita a que me maltratara delante de mi novio, de tal manera que se lo repetí muchas, muchas veces con el fin de hacerle entender a Margarita que eso era algo normal. Después empecé a contestarle de mala manera a ella delante de mi novio con la intención de que ella me pegara delante de él. Pero no, como esto si no me dio resultado, entonces cuando ya él se iba de mi casa después de la visita, yo lo llamaba llorando por las cosas tan horribles que Margarita me había dicho. Jajaja, él solo le mentaba la madre y la maldecía.
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Yo no soy una persona mala, es solo que me frustraron la vida de violaciones, humillaciones y tragedias que yo sí quería y anhelaba vivir; mi gran sueño, mi mayor ilusión era pertenecer a una pandilla; me encantaba la vida en la miseria, soñaba con acostarme con hambre porque no había qué comer; yo envidiaba a mis amigas que se tenían que poner la ropa que dejaban las hermanas mayores o las primas. Desde muy niña y hasta ya casi adulta, sentía una especial curiosidad por la vida de las prostitutas, me llamaba mucho la atención esa vida de carencias y necesidades; esto me despertaba un ansia tal que más bien parece envidia.
Entiendo la buena intención de Margarita por evitar que yo cayera en el bajo mundo de la miseria material, mental y emocional, sin embargo, con eso frustró mis sueños y mis ilusiones de ser miserable y de vivir en la inopia.
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