Cruces nefastos
hilos entrecruzados en la hora del dolor
como antes otros
enlazados en un sueño final
se encontraron el delirio y su espanto
y mientras uno despertaba de su locura
el otro se fue volando por su mano
como un cuervo al infinito.
El mar deja a mis pies sus lágrimas azules
quien sabrá la verdad de su marcha tempranera
si nadie tuvo valor de mirar
sus ojos taciturnos
que agotaban lentamente su llama
la tierra guardó su clamor
en la tarde funesta
Sustancia de su sangre mezclada con la lluvia
llegará hasta el río y en su canto
se crucen con las letanías eternas
de la madre llorosa
que peregrinará hasta el último respiro
por los santuarios
pidiendo perdón por el huido. . .
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