La marea me arrojó
al costado dorado de la ribera,
con las olas transpirando su espuma
al borde de rozar  mi piel,
en una mixtura de sal y arena
de  un espejismo marino,
adonde la laxitud de mi cuerpo
se funde en una acuarela de sol y mar,
en el vientre candente
de esta  morada transitoria,
a punto de levitar
en el esplendor del horizonte,
con esta vista aérea de mi misma,
como una gaviota extraviada
desplegando sus alas
en un abrazo sideral con el universo.
Al borde esperanzador de mi conciencia !
 
E. B.
 
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