En un atardecer gris 
vi una mirada llena de luz,
una sonrisa infantil
y solamente eras tú.
Un hombre del cual me enamoré,
igual que a una abeja gustarle la miel 
y fui cómplice de locuras, amor y placer. 
Transcurrieron varios meses,
te seguí amando como la primera vez 
y aquella flecha que atravesó mi corazón 
se destruye el día en que sufra una frustración.
Súbitamente cambiaste...
Reconocí que no eras el mismo...
En brazos de otra mujer te confundiste
y de nuestra felicidad 
solo Dios fue testigo.
Ya solo queda el recuerdo de aquellos dulces besos y caricias,
solo queda que fuí cómplice de tus engaños y mentiras...
solo queda que fuí cómplice...
y "cómplice" 
de no poder olvidarte en esta apacible vida... 
 
5190

Cargando comentarios...