En mis ojos se reflejaba aquel rostro desconocido que tanto suscitaba mi atención. Desde la distancia, sin darme cuenta, una costumbre se volvió. Y con el tiempo, una sensación tocó la puerta. Por un instante dudé en abrir; la curiosidad prevaleció y, sin saber qué encontraría al otro lado, le di paso. Con una sonrisa me presentó un banquete; emocionada, tomé asiento para degustar cada bocado.
Tomé los cubiertos y me dispuse a probar el primer plato. En él se hallaban sabores dulces y gratos al paladar, tan exquisitos que pensaba en el siguiente sin siquiera haber terminado el primero. Mientras comía, aquella sensación me observaba sin pronunciar ni una palabra. No le di mucha importancia y me dirigí al siguiente platillo, con la ilusión de que aquel sabor conservaría el mismo dulzor. Pero este sabía un poco extraño… o quizás era yo. Entró otro bocado y, aunque intenté encontrarle el gusto, algo seguía sin encajar.
Aun así, intenté convencerme de que aquella particularidad no era más que una equivocación y continué con aquel extraño manjar... Aunque creía estar degustando cada bocado con calma, no me percaté de cuán rápido había llegado al último plato. Lo observé con detenimiento, sin ninguna expectativa, y procedí a probarlo. Seguí consumiéndolo, cada vez con mayor insistencia, esperando encontrar en algún bocado un matiz que pudiera reconocer. Pero cuanto más lo intentaba, menos lograba comprenderlo. Era un sabor indescifrable.
Culminé con el banquete. Fue extraño; aun así, pese a haber comido tanto, seguía sintiéndome vacía. Al levantar la cabeza, la sensación ya no se encontraba allí. La busqué por todos los rincones de la casa, pero no logré dar con ella. Abrí la puerta principal con la ilusión de hallar algún rastro, pero no quedaba huella alguna de su presencia. Al parecer, se había marchado sin despedirse, así como había entrado, sin saludar.
Volví a casa con muchos desconciertos entre las manos y un cúmulo de cosas que no sabía cómo acomodar. Entre ellas perduraron gestos e interrogantes que aún no han encontrado respuesta. Si nada de aquello hubiera quedado allí, habría pensado que todo fue un sueño. No sé si algún día regresará. Tal vez una parte de mí aún espere volver a verla, pero esta vez no dejaré que atraviese el portón tan fácilmente.
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