No quiero despertar
no quiero levantarme
no quiero ver otro día...
se que será como el de ayer,
otro día pintado del mismo color...
de un esmalte viscoso oxidado color azufre.
Abrir el periódico y ver fantasmas de muerte...
de periódicos descarnados, de hojas podridas,
se que al desplegar cada hoja saltarán arañas y serpientes ponzoñosas,
al terminar de deshojar el periódico quedaré sucio
manchado, con un asco en la boca.
Encender el televisor...
ver una vida que no existe, creerla,
se que al sentarme en el sillón estaré perdido...
me embrujarán los fotones de la luz...
alucinaré,
mil brazos saldrán de la pantalla
me acosarán,
jalarán mi ropa y mis cabellos...
trataran de venderme sueños y fantasías inertes,
veré un espejo...
el espejo surrealista de mi inconsciencia,
también querrán comprarme...
querrán mi carne
querrán mi alma.
Ya no quiero salir a la calle para ver siempre los mismos ojos  negros, perdidos, vacios, arrugados, opacos, muertos...
me asustan, me entristecen,
no quiero ver llover...
se que serán gotas contaminadas, envenenadas,
no quiero sentirlas...
gotas que han sido transpiradas del asfalto desgregado
del concreto agrietado, de edificios arrumbados, del metal carcomido...
de los hombres muertos.
Se que en la calle me estarán esperando cuervos,
aves de rapiña y animales carroñeros,
me encontraré con demonios en piel de ángel y hadas de sangre negra.
No quiero volver a escuchar las mismas pláticas vacías, vendidas, etiquetadas, compradas... que ahogan mi garganta.
Tal vez sea mejor quedarse en casa,
en la habitación...
dormir un poco más,
veré a la ventana...
y saldré cuando el óxido halla desaparecido.
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