Cómo duele el alma cuando espera
que el devenir termine con lo hermoso,
con la flor, el canto, la alegria...
para volver, intermitente, a la tristeza,
a la sombra, al fenecer, a la agonía.
 
Como duele sentirse pasajero, soplo y vuelo,
accidente casual en el ciclo
invulnerable de este todo
y como aterra la visión de ese vacío 
que se acerca cuando muere el alma
al morir lo más querido.
 
Pasa todo, todo pasa,
basta asomarse a la ventana
para ver pasar la nada
en la fugacidad señera de la imagen:
ese barco que ha partido, 
aquel reflejo que ha sido,
esa nube que ha cambiado,
este corazón que ha soñado,
que amó, que ha sentido...
 
Ser para dejar de ser
y retornar tras lo vivido 
a la apariencia de una sombra,
de un recuerdo, de un olvido... 
¡Cómo duele morir en cada instante!

                                                   E.G.M. 
 
 
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