Calma
Déjame que te cante la canción de mi calma
no emocional y ecuánime y en perfecto equilibrio
apartado de Enebros que destilan sus sombras
en los lugares céntricos que perdieron su holgura
y destilan delirios en los cañaverales y densos atolónes...
He hallado mi Paz tras maniguas de fuego
y transitar opaco por exíguas corduras...
Celebraré que tengo la virtud de la roca,
la paciencia más pétrea que volviose milagro
al antes afligido que fui en todo transito
y lloviznas bermejas hacían erizarse
mi piel y mis solapas de pebetero roto
o vaso no aromático que cruzara una isla:
Herniado, como muchos me arrastré a lo celeste
de esos domos de encanto que encontrara contigo.
Fuíste el azúcar dulce para mi engreimiento
y la mano que me araba al tomar mis arados.
Fue la Palabra Amor más que fuego o ceniza
y resumí tus bordes en mis dedos apáticos.
Hormiguearon mis yemas tus pieles y mis dedos
despertaron a un mundo de precisas caricias
y celebré hallar en ti el agasajo
la flor que no creía al trepar entre vérmes
y lloviznó tu paz en mí y entré en tus florestas
para estar en plenitud de tu ardor y caía tu sigilo
haciendo Primaveras para recomponerme
y dejar lo imaginario en locos adoquines....
Y fuíste Sol excelso y muy magna gladiola
que quitó de mi mente todo contrasentido
de alma diseminada a los pies de tu tarde
brillando en tu fulgor de cielos amarillos.
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