Hace ya más de diez años que llegué a esta maldita ciudad y aún no encajo en ella. Con el ascenso a detective elegí como nuevo destino a la policía de Los Santos y dejé atrás todo lo que me ataba a mi pasado, todo excepto a mi mujer Shirley. Ella ha sido el catalizador que me ha permitido soportar este lugar insufrible. Bueno, digo mi mujer por mera costumbre, porque ya hace más de seis meses que todo acabó.
Sin más, un día de sopetón me suelta que nuestra relación no es la misma, que necesita vivir nuevas experiencias, que ha conocido a un tal Carl que, casualidad, es propietario de todos los Binco de la zona oeste, y que es quien le llena y le hace feliz. Esa puta ingrata me había cambiado por alguien con más dinero, despreciaba el amor y cariño que le había dado durante todos estos años, y despreciaba los sacrificios que había hecho por ella, las horas extras en el curro, jugarme el tipo cada noche, y algún que otro episodio que prefiero olvidar y que podría costarme el puesto, todo para que nunca le faltase un centavo. Es raro, porque la odio desde lo más profundo de mis vísceras, pero siento que jamás podría hacerle daño.
Así, tras esto, lo único que pude hacer fue refugiarme en mi trabajo. Mis jefes saben que no hay nadie mejor, ya que he demostrado mi pericia en casos tan truculentos como el asesinato de los niños Pearl o el incendio provocado del Windford donde murieron más de 40 personas.
Actualmente se me ha asignado lo que en un principio creía un ajuste de cuentas a una prostituta, pero se ha terminado convirtiendo en lo que parece ser un nuevo asesino en serie de esta infecta ciudad La prensa ya se ha encargado de ponerle nombre, a esos putos buitres les encantan los nombres con gancho, nombres que se graban en las mentes de los zombis que pueblan Los Santos y que impregnarán su imaginario colectivo durante décadas, “La Motera Canibal”.
Y es que sí, se trata de una mujer. Se supo gracias al ADN de las mordeduras que presentan las víctimas. Las dos cosas que más destacan de esta asesina es su sadismo y que todas las víctimas aparecen con un casco de moto destrozado junto a ellas. Todas eran mujeres, de mediana edad, morenas y con una particular belleza sureña.
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El modus operandi no varía. Secuestra a su víctima y la tortura durante días con privación de agua y comida, la muerde y arranca (muchos) trozos de carne, les corta extremidades, pero impide que mueran desangradas. Como colofón final pone un casco de moto en la cabeza y les golpea con una maza de gran tamaño hasta que la fuerza de los impactos hace que el cerebro colapse por las severas hemorragias. De ese modo el aspecto exterior de la cara de las víctimas está intacta, como si la asesina con todo su odio quisiera preservar o recordar aquello que motiva sus actos. La investigación actual se centra en encontrar a Rebecca, una mujer de 35 años que lleva 5 días desaparecida y vista por última vez mientras corría por Jason Park.
No quiero ser una pesada y obviamente conoces el resto de la historia, ¿Te había dicho lo mucho que te pareces a mi mujer?,
-   Los ojos de Rebecca, llenos de dolor, desesperación y terror observaban a través de la visera de un casco de moto a aquella mujer que alzaba una maza de gran tamaño y de la que manaba el más puro odio.
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