Borges se ató a sus laberintos y entró en los corredores de la ficción abierta.

Siendo ciego construyó sus parodias y se ancló entre élitros queriendo compañia.

Habló del Minotauro, del dolor de los vértigos y de la discontinuidad de la mala raza humana.

Y fué en su espacio y tiempo aquello que perdura pues poseía el sello que es eminente.

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