Aún no logra salir de mí.
Intenta, y por más que choque con mis paredes cansadas, no logra escaparse.
Aunque me ruega que la libere, aquí aún vive su recuerdo, que lucha por escapar.
Pero en cada uno de sus vanos intentos nos lastimamos más los dos.
Sé que si lo dejo huir volveré a ser yo, mi maldito yo, solo de nuevo.
Su recuerdo se habrá ido, ya nada de ella quedará.
Y si nada de ella quedara, ¿cuál es el verdadero peso de mi alma detrás de mis paredes cansadas?
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