Estábamos en una montaña alta

y estábamos haciendo lo que nos diera la puta gana…

Estábamos hartos de la vida restrictiva y productiva,

de la cadena pegada a las paredes de las casas de las hadas madrinas,

de la sobriedad, la seriedad y la disciplina:

putas tan remilgadas, pretenciosas, sosas y tontas…

​Y de no poder aullar, rebotar, correr, delirar, convulsionar, llorar

y odiar a nuestras anchas a la falsedad,

dulcísima puta de lujosidad…

​Llegamos a esta cima a explotar, a balar, a cagar,

y si nos da la gana aprenderemos a volar o a reptar;

lo que hagamos cuando aprendamos no interesa,

todo es para hacerle burla al frío de la demencia petrificada

que ya no se puede derramar en el afuera…

​Algunos habían empezado a pastar,

otros se enzarzaron en orgías con cabras anónimas.

Habrá que ver el video en internet en estos días…

​Yo estaba destruyendo campos cuánticos a mi manera

y poniendo en fila a escarabajos y arañas

para convencerlos de derrocar, desterrar y desaparecer

para siempre de la faz de la tierra a las hormigas,

como recompensa merecida por ser lo que son, fueron y serán…

​De un momento a otro subió una iglesia

y vino a darnos tortas de sanidad con jugo de agua bendita.

«¡NO ESTAMOS A LA VENTA!»,

le gritó uno que le enseñaba armonía musical a las piedras.

Y con palancas sacadas de nuestra bolsa de rebeldía,

lanzamos al fondo a la iglesia de falda larga y nariz de entrometida…

Se le vieron los calzones de vieja cuando al caer se le levantó la falda.

​De pronto subió el hampa,

con su agresividad de gañán iletrado y sus mierdas,

y con esa pulcritud del mal de alta gama que gobierna;

antes de que se dieran cuenta,

ya les habíamos amputado las vergas con cortacéspedes.

​Llegó una comparsa con bailarines destellantes,

elefantes y garzas.

El que ya se estaba divorciando de una cabra para irse a vivir su felicidad con otra

sacó de por dentro de una piedra redonda

una anaconda de plumas puntiagudas y afición a la taciturnidad.

Aprovechamos para desearle feliz navidad:

¡FELIZ NAVIDAD!

A esta estepa interminable que es Agosto.

​Y si te gusta salir por el camino angosto

es por el apego a sentirte expulsado por lo uterino del mundo hacia el exterior,

en todos los sentidos.

Si la mano de algún dios intervino o no en tu comportamiento no nos importa;

encontramos una roca que llora marihuana con olor a canela,

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y el dragón ya contó hasta diez mil

y nos preguntó para qué hicimos que se escondiera si no era para jugar.

​Pero la verdad, hallarlo nos dió mucha dificultad…

El pingüino rapero y el pingüino científico se intercambian proyectos aplazados;

me pregunto si tendrán alguna teoría recital que exponer este mes en algún lugar…

​Y nosotros seguiremos danzando aquí, en esta meseta infinita

donde el fuego y el hielo no existen más que como frisbis de algo.

Frisbis y encargados de lanzarlos,

frisbis inmóviles que no se sabe si es mano o espacio lo que están esperando.

Mientras no haya ningún motivo para bailar, bailaremos de vez en cuando y sin evitarlo;

sobre todo, ofreceremos como sacrificio a los dioses más sagrados…

¡Y qué precioso será ese charco sanguinolento

formado por lo que mana de las venas partidas del dios inmolado!

​¿Cómo no vamos a querer bailar

y hacer el amor con cabras de las alturas dentro de los pozos volcánicos?

Vamos corriendo, apostando carreras sin que nos importe una mierda quién ganó.

¡Que nos traigan el video de la repetición!

¿Y qué ganó?

¡Que nos traigan la puta factura de compra para mirar el precio!

Así podremos hacer una adición inútil a la estantería de los sucesos pueriles y vacíos

dentro del vacío diario de la plenitud de lo pleno…

​Material world:

procura no quedar muy manchado al quedar involucrado,

y que se note para no notarse el taoísmo del Sol…

​Y el desvarío no queda completo hasta que haya alguna confusión entre nosotros

y comience la desconfianza destructiva y la persecución indiscriminada de los monstruos.

¿Imaginarios?

Conflictos internos suelen llamarlos.

Hacen mucho escándalo.

Por eso me los traigo para esta meseta en lo alto, pero…

como los padres de los hijos demasiado desobedientes e hiperactivos,

al salir con ellos a donde sea,

me arrepiento.

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