Poderosos son los capullos de ejes de mansedumbre, entregada a esas tardías mañanas; en el precipicio, son sus entre ásperas costras; las que se tejen con la apariencia del vivir y la dicha misma. Un templo ya se abre paso en distintos prismas circadianos; ejemplos; anhelos; regueros de tribus; yacen corrompidas con los gusanos de tafetán en el medio de mis mejillas. Contra la capciosa que es la descendencia de los reyes de todas las cosas que ante mí se estremecen de alegría, entre desde el de frente de flujogramas; originarios de principados en los que los infantes son sus propios reyes en tronos en el fin del mundo. Retienen al decoro de todo lo que es y será abrigado con los hilos que se mueven entre golondrinas. ¿Y lo que es y será; lo que será manso de atribulados entre los cardúmenes de sonoros regadíos? Serán los concisos, los coronarios, los receptáculos de ejes entre plegados entre mis venas, desde territorios nuevos que se mecen; esas ya por mis manos plagadas de cicatrices de tiempos incoloros. Rosetón de liebres gitanas; giran, giran, giran sin cesar en un carrusel; en un proceder de entretiempos en los que nos perdemos en el amor propio desde una isla de la Luna.
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