Evócame lejos de mi horizonte,
adonde la línea delgada
de tu melancolía se desvanezca
en un paisaje tibio.

Recuérdame al fluir sereno
de un cántaro
que lave tus lágrimas,
y mi abatimiento gravite
en la quietud de un edén.

Al abrigo tenue de mi resignación.
 
E.B.
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