ANDREA DORIA - 1956
ANDREA DORIA
1956
Como una gran ciudad del hemisferio Norte,
envuelto en su capa de neblina,
iba el Doria pausado y consentido
por una sabia y honda tranquilidad nocturna.
Algunos bailaban quedamente
mirando los furtivos romances de cubierta.
Otros soñaban con puertos imposibles
en las doradas costas de algún país inmenso.
De pronto, el gran estrépito, seguido de silencio.
Después, gritos y voces en busca de socorro.
En tanto, el moribundo comenzaba a inclinarse
como una danta herida que no quiere seguir,
hundiéndose a estribor.
Dos lágrimas subieron al borde de unos ojos:
El capitán Calamai lloró mientras su lancha
dejaba entre la espuma maderos encendidos.
Cuando la sombra vino a retomar su imperio,
las aguas, ya desnudas, sintieron en su vientre
el palpitar de un casco acerado que se hundía.
1956
Como una gran ciudad del hemisferio Norte,
envuelto en su capa de neblina,
iba el Doria pausado y consentido
por una sabia y honda tranquilidad nocturna.
Algunos bailaban quedamente
mirando los furtivos romances de cubierta.
Otros soñaban con puertos imposibles
en las doradas costas de algún país inmenso.
De pronto, el gran estrépito, seguido de silencio.
Después, gritos y voces en busca de socorro.
En tanto, el moribundo comenzaba a inclinarse
como una danta herida que no quiere seguir,
hundiéndose a estribor.
Dos lágrimas subieron al borde de unos ojos:
El capitán Calamai lloró mientras su lancha
dejaba entre la espuma maderos encendidos.
Cuando la sombra vino a retomar su imperio,
las aguas, ya desnudas, sintieron en su vientre
el palpitar de un casco acerado que se hundía.
7690
Cargando comentarios...