Tal vez no se dio cuenta hasta ese momento de su real problema, la soledad era tan solo una consecuencia, y es que vivía des de hacia años, aunque parecieran siglos, encerrada en ella misma. Podía salir a pasear cada día de la semana, sin embargo, habitaba en una cárcel condenada a cadena perpetua. De vez en cuando deseaba que Dios, o cualquiera que fuera el que dictara la justicia divina, le hubiera impuesto la cadena de muerte, para así acabar con esa agonía que le perseguía día a día, minuto a minuto y segundo a segundo.
 
Y es que ella tenía sueños que año tras año se volvían inalcanzables, otro fracaso pensaba, no pasa nada, afirmaba, pero, poco a poco cada desilusión y frustración se acumulaban como ladrillos capaces de levantar el muro de su celda. Esas cuatro paredes donde podía leer su pasado y prever como sería futuro y, así, evitar otra desilusión más.
 
Ya había amado, como nadie y como nunca. Cuando lo vio por primera vez sintió que el tiempo se paraba, se trasladó a un lugar jamás conocido donde solo existían ellos. Los pensamientos no se detenían, aparecían y desaparecían a la velocidad de la luz, no obstante, su cuerpo quedó inmovilizado. Creyó, confió, en que por fin había aparecido esa persona que le haría vivir, sentir y amar por sobre todas las cosas.
 
No fue así, obviamente, no podía ser así. Él no sentía lo mismo por ella, fue un amor inmenso, pero no correspondido que le hizo conocer los celos, la obsesión y el odio. Desconfió de todo y de todos y es que ese amor que en las películas es capaz de mover montañas se convirtió en su cruz. Una cruz que nunca le abandonaba y que siempre cargaba a su espalda. Lo miraba cada día desde la distancia sin poder tocarlo y rezaba porque algún día el cielo le permitiera volver a besar esos labios o que sus manos simplemente le rozaron. Pensó que a su lado encontraría el paraíso, pero su vida se convirtió en un infierno.
 
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La palabra amor se escribe con cuatro letras, pero se siente con cada parte del cuerpo, con cada latido del corazón. Cuando se ama cada poro del cuerpo supura ese sentimiento y cada mirada imagina un mundo con esa persona. Sin embargo, a veces la palabra amor y dolor se confunden, de tal forma que ya no conoces cuál de las dos es la respuesta correcta a ese estallido de emociones. Es más, hay momentos en que hasta las propias preguntas se acaban y eso que los humanos estamos hechos de porqués sin respuesta, de fantasías sin realidad, de miradas solitarias que no hallan compañía, en definitiva, de amores no correspondidos o más bien de dolores en que cada punto final se convierte en punto y seguido del siguiente dolor o quizás amor. 
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