AMOR A DISTANCIA Poema
Amor de lejos, amor de hipocrecía.
Cuando me escribías con belleza,
mi ilusioné, mi alma se llenó de alegría,
y yo, lloré por la felicidad.
Estando cuidando a todo el tiempo el celular,
sonar los mensajes, y ya esperando a leer.
Soñé que me enviabas mensajes,
y yo, desperté ya cojiendo el celular,
mas solo estaba marcando la hora.
El último mensaje lo guardé,
como anunciándome,
que tal vez,
no mas me escribirías, y así fue.
La ilusión, a cada instante,
se me llenaba al vacío de mí alma,
y ya esperando el día para conocernos,
y así entregarte mi alma.
Y cuando nos conocemos, me volteaste la cara,
te di asco, aquella cena, no era de tú agrado,
no mi mirabas, mas estabas arrepintiéndote,
y mirando a tu celular a todo el rato, mas culpándole.
Me di cuenta, que no valía nada para ti,
la escasés de tu mirada,
me decía, adiós, me das asco,
mí inteligencia y el oro, no te interesaba.
Al pasar a un hermoso, miraste con alegría,
donde de reojo mi miraste, y te dijiste en ti,
yo amo a la belleza de la corteza humana,
y no me interesa su interior.
Tu silencio y la fría despedida, ya me explicó,
que no soy para ti, pasados horas te llamé,
porque tu ausencia, me extrañaba,
y tú, colgaste el celular, y yo, me desesperé,
y te llamé otras veces, y tú, apropósito le distes,
a ese hombre, para que me contestara,
tal vez riéndote.
Al día siguiente, por fin me contestastes,
y yo, con celos en silencio te pregunté,
quién era aquel hombre, aunque no tenía derecho,
y me respondistes, qué, acaso nos conocíamos,
Pero los bellos mensajes que me escribías,
y las conversaciones poéticas,
yo no fui, el celular te enviaba los mensajes,
son nuestros celulares que se conocían, yo no.
Es donde mi alma se lloró en silencio,
y me tragué mi ilusión,
mas criticándome, que yo, no era feo,
mas ella no conocía a mí alma,
quien solo amaba a la belleza,
ni siquiera compartía su hipocrecía.
Aun las miradas mías siguen hacia el celular,
así dándome esperanzas, y con perdonarte,
es porque a ti, mi alma se escogió,
aunque tal vez, nunca seré tuya.
Autor: Francisco Lope Rojas
Cuando me escribías con belleza,
mi ilusioné, mi alma se llenó de alegría,
y yo, lloré por la felicidad.
Estando cuidando a todo el tiempo el celular,
sonar los mensajes, y ya esperando a leer.
Soñé que me enviabas mensajes,
y yo, desperté ya cojiendo el celular,
mas solo estaba marcando la hora.
El último mensaje lo guardé,
como anunciándome,
que tal vez,
no mas me escribirías, y así fue.
La ilusión, a cada instante,
se me llenaba al vacío de mí alma,
y ya esperando el día para conocernos,
y así entregarte mi alma.
Y cuando nos conocemos, me volteaste la cara,
te di asco, aquella cena, no era de tú agrado,
no mi mirabas, mas estabas arrepintiéndote,
y mirando a tu celular a todo el rato, mas culpándole.
Me di cuenta, que no valía nada para ti,
la escasés de tu mirada,
me decía, adiós, me das asco,
mí inteligencia y el oro, no te interesaba.
Al pasar a un hermoso, miraste con alegría,
donde de reojo mi miraste, y te dijiste en ti,
yo amo a la belleza de la corteza humana,
y no me interesa su interior.
Tu silencio y la fría despedida, ya me explicó,
que no soy para ti, pasados horas te llamé,
porque tu ausencia, me extrañaba,
y tú, colgaste el celular, y yo, me desesperé,
y te llamé otras veces, y tú, apropósito le distes,
a ese hombre, para que me contestara,
tal vez riéndote.
Al día siguiente, por fin me contestastes,
y yo, con celos en silencio te pregunté,
quién era aquel hombre, aunque no tenía derecho,
y me respondistes, qué, acaso nos conocíamos,
Pero los bellos mensajes que me escribías,
y las conversaciones poéticas,
yo no fui, el celular te enviaba los mensajes,
son nuestros celulares que se conocían, yo no.
Es donde mi alma se lloró en silencio,
y me tragué mi ilusión,
mas criticándome, que yo, no era feo,
mas ella no conocía a mí alma,
quien solo amaba a la belleza,
ni siquiera compartía su hipocrecía.
Aun las miradas mías siguen hacia el celular,
así dándome esperanzas, y con perdonarte,
es porque a ti, mi alma se escogió,
aunque tal vez, nunca seré tuya.
Autor: Francisco Lope Rojas
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