Albacea
Albacea de nadie dame ese testamento
escrito en tu cuerpo con la tinta del aire.
Administra y custodia tus alturas, tus ínsulas,
tu ser diseminado sobre mantas rosáceas.
Crónica y visceral entrégame tus piernas
y la fragilidad en la que te has bordado.
Eres la que reparte caudales y racimos
y robó del Olimpo la vid y la Ambrosía.
Olvida el pundonor pues ya se ha hecho de tarde
y da tu dignidad pues el segundo exige
la premura del beso que termina en la cópula
y estamos rezagados ante viejas deidades.
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