Absent à la station
Las cumbre verborragia de aquella alma
se acerca sigilosamente,
desde el agua de los mares,
en los fuegos milagrosos,
con sus ocasos silenciosos
que gobiernan el trono de mis dudas,
desfallecen con una intensa seguridad
en el sarcasmo de la crueldad.
Y en el cáliz trastornado de mi locura,
los ecos de la muerte
retumban cegando mi audición;
solo flota una pizca de retoño,
un almizcle de centauros condenados.
Si la propia muerte es mi perdición;
perspectivas distorcionadas
refutando en las malicias benevolentes,
las nubes negras de mi cielo.
Quizás las estrellas griten sus cánticos
en la noche final,
en el ocaso eterno.
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