Tú me pides
te diga
que te amo
y yo no quiero decirlo
porque las palabras
se pierden con el viento
del olvido.
Tú me pides
te regale flores
y yo no quiero obsequiarlas
porque ellas son para mí
la insignia de la muerte
y la verdad
no quiero perderte.
Pero si tú me pides
mi compañía
iré contigo sin pensarlo
al costado
como un perro negro guardián
para defender tu integridad.
Y si todavía me pides tu triunfo personal
daré un paso atrás
para ser tu guarda-espalda
aunque pierda mi identidad.
Que tampoco te de vergüenza
tus imperfecciones
que te han marcado los años
ya que desde mucho tiempo atrás
te has quedado bella y perfecta.
Por eso
vuelvo a insistir
que no te diré
amor
porque ya eres venerada
y no te de pena tu cuerpo maduro
ya que eres madre
pero sobre todo
nunca recibirás flores
porque quiero que te quedes
con los secretos de la luna
de la inmortalidad.
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