¡A MI GRAN AMOR!
Cuando abrí mis ojos a
la vida, me encontré en el
regazo de una bella joven,
rural, tal vez; pobre
en el momento, pero insuflaba
esperanza, vertía amor,
era tolerante,
tranquila, sentía su protección.
Me enamoré locamente
de la bella dama, y a medida que el
tiempo transcurría
ese amor por ella se
incrementaba; Ella comenzó a
progresar,
se enteró que era
inmensamente rica. Por supuesto sus
pretendientes no se hicieron
esperar, claro, su asedio no
era por su belleza
o porque la amaban,
no, solo perseguían esquilmarla.
Pero si, hubo algunos que si bien se
aprovecharon de ella para enriquecerse,
por lo menos algo
hicieron para que se sintiera
orgullosa ante quienes la
observaban desde afuera.
Hace trece años buena parte de sus
hijos le buscaron nuevo pretendiente
y se casó nuevamente, pero, craso error,
su nuevo marido regaló sus bienes,
los familiares y allegados de éste
se apoderaron de sus riquezas
de la manera más vil.
Hoy esa bella doncella que me abrió sus
brazos para arrullarme hace 77
años se encuentra arruinada,
al borde de su destrucción
y sus esperanzas de recuperación
son muy remotas. Ya no soy un joven
que pueda defenderla como lo hice en la
década de los sesenta, cuando los
delincuentes cubanos quisieron violarla,
porque mi edad y mis condiciones físicas
no me lo permiten. Lo único que puedo
hacer es: pedirle a Dios
Todopoderoso le permita volver a
ser la bella dama de otrora.
Es posible que no logre verla librede esta pesadilla;
pero ahora la amo más que nunca,
mi linda VENEZUELA
Luís Varela Luzardo
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