Como la perfidia danza reptil
Que acompaña mis pasos y llantos,
Como el fiel huayno de tono sutil
Que en la tunda sonora llora su canto.
 
Te doy este verso mi azul mariposa,
Estrella adorada que al norte conduce,
Te doy esta estrofa que vive y reposa
En este corazón que por amarte te dice:
 
Si en mi montaña estuvieras sobre la fronda caricia ligera,
En aquel árbol de liquen que con desdén madura sus hojas,
Te acompañarían los claros acordes que mi sentir para ti compusiera,
Mientras recorro estos valles entre las tardes rojas.
 
Si en mis cantares cantaras bajo el solariego amparo del viento,
Si entre mis flores pasearas y en mis ríos y valles nacieras,
Me transformaría en felino que tras de aquel árbol muerto
Sobre tu canto declina sus clamores y penas.
 
Si para mi fueran tus ojos y caricias,
Y el amor de tu cuerpo pueril acudiera a mis palmas,
Si tu pérfido y fértil aliento a este pálido hombre animaras
Mi triste  áureo vuelo nocturno encontraría al fin su calma.
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