A DIÓGENES
Diógenes aún con su linternaobserva la faz de los durmientes.
Apoya su cabeza sobre el báculo desiertoY vuelve a su caverna entumecida.
Un tramo de luz siguió su pendientepero es inútil alumbrar una sombra.Una línea cenicienta de los crepúsculos del alba.
Un perro orgulloso relame la nada de nuestras pupilassocavando el sendero de los corazones.Por eso su lengua resbala en la sien de los estertores.
Diógenes levanta su hocico y aúlla a la luna difusacortando pestañas con el sempiterno farol que desgranapequeñas libélulas abiertas.
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